Cómo orar juntos en pareja: un método de 5 minutos
Orar juntos no tiene que ser largo ni complicado. Aquí tienes un método sencillo de cinco minutos para repetir cada día y convertir la oración en un hábito de la pareja.
Por qué vale la pena orar en pareja
La oración en pareja los acerca a Dios y el uno al otro al mismo tiempo. Da espacio para hablar de lo que pesa, agradecer por lo bueno y pedir ayuda en lugar de cargar con todo a solas.
“Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.”
Mateo 18:20 (Reina-Valera 1909)
El método en 5 pasos
- Minuto 1, aquietarse. Siéntense lado a lado, dejen el teléfono y respiren hondo. Comiencen con una frase simple: “Señor, estamos aquí delante de ti.”
- Minuto 2, agradecer. Cada uno dice en voz alta una cosa por la que está agradecido hoy. Sean concretos, un detalle pequeño basta.
- Minuto 3, confesar y perdonar. En pocas palabras, reconozcan algo que quisieran mejorar. No es el momento de reclamar al otro, sino de abrirse delante de Dios.
- Minuto 4, pedir. Presenten una petición de la pareja y una petición por otra persona. Hablen con naturalidad, como quien conversa.
- Minuto 5, bendecir. Cierren orando el uno por el otro, en una sola frase. Terminen con un “amén” juntos.
“Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.”
Filipenses 4:6 (Reina-Valera 1909)
Cómo mantener el hábito
Elijan un horario fijo, como justo después de la cena o antes de dormir, para que la oración no dependa de acordarse. Empiecen con cinco minutos y no los alarguen hasta que el hábito esté firme. Si un día lo olvidan, retómenlo al día siguiente sin culpa.
“Orad sin cesar.”
1 Tesalonicenses 5:17 (Reina-Valera 1909)
Consejos para los primeros días
- Túrnense para empezar, así los dos tienen voz.
- Pueden orar con los ojos abiertos o tomados de la mano, lo que los deje más cómodos.
- El silencio no es un problema. Una pausa breve es parte de la oración.
- No corrijan cómo ora el otro. Lo que importa es la sinceridad, no las palabras exactas.
Adáptenlo a su etapa
Los cinco minutos son un piso, no un techo. En un día apurado, quédense solo con el agradecer y una petición, y aun así oraron juntos. Cuando una decisión o una preocupación pese, demórense más en el paso de pedir y quédense allí. Algunas parejas añaden un pasaje breve antes del segundo paso, leyendo un versículo en voz alta y orando a partir de él. Prueben turnarse quién guía cada semana, para que el más callado se suelte al comenzar. El método es un marco; dejen que su propia vida lo llene.